dimarts, 10 de març de 2009

CUBA: Socialista en el siglo XX y en el XXI

No es la primera vez que el señor Martín Medem carga contra la Revolución Cubana, y seguramente tampoco será la última. Sin embargo, la munición argumental empleada se ha sofisticado y ya no se duda en recurrir al insulto y en deslizarse sin tapujos por pendientes que, a mi modesto entender, consciente o inconscientemente, le hacen el juego a la contrarrevolución y al imperialismo.

Valga como ejemplo su último artículo, publicado por KAOS EN LA RED el 10 de marzo, en el que se esbozan las líneas maestras de la nueva ofensiva ideológica que, por parte de diferentes corrientes político - ideológicas, se está llevando a cabo en los últimos tiempos.

Estas son las principales líneas maestras de esa agresión:

1ª.- Tratan de buscar contradicciones entre la Revolución Socialista cubana y los procesos emergentes en América Latina, especialmente el venezolano.

Se trata de presentar para ello un modelo frente a otro y en contradicción antagónica. Así, el tantas veces citado y tan poco definido “Socialismo del S. XXI” se contrapone a un Socialismo “de viejo cuño” que sería el existente en Cuba.

Existen diferentes grados a la hora de presentar a los lectores esta contradicción. Desde quienes plantean que la Revolución Cubana debe evolucionar de la realidad existente a día de hoy hacia el difuso “Socialismo del S. XXI”, hasta quienes directamente, como Medem, niegan el Socialismo en Cuba y denominan a la formación socio – económica cubana stalinismo, capitalismo de estado, etc.

Esta posición trata de sentar contradicciones en el campo obrero, campesino y popular, en la base revolucionaria cubana y en el apoyo internacional a la Revolución. Y repito que de forma conciente o inconsciente, según los casos.

Para ello llaman SOCIALISMO a lo que no lo es. ¿Existe socialismo en la República Bolivariana de Venezuela? Creemos que aún no, pero esperamos que ese pueblo hermano transite por esa senda. En Venezuela se da un proceso revolucionario de corte antiimperialista y de liberación nacional. Pero de ahí a construir el socialismo hay todavía un paso. ¿Se han socializado los medios fundamentales de producción? ¿Qué naturaleza de clase tiene el Estado? ¿Sobre que base y que intereses de clase se erige la superestructura? ¿Qué clase o clases sociales emergentes en alianza han tomado el poder?

Puestos a utilizar la categoría de socialismo de cualquier forma también podría afirmarse, con las mismas, que en España existe Socialismo porque gobierna un partido autodenominado socialista. Una de dos, o realmente no se tiene ni idea de lo que se está escribiendo o se está buscando conscientemente alcanzar un propósito: presentar lo “nuevo” frente a lo “viejo”, o más bien lo aparentemente nuevo frente a lo aparentemente viejo. Y se parte de la presunción de que lo “nuevo” será mejor acogido.

Quien avanza en esta línea suele cometer el error de minusvalorar tanto los conocimientos acumulados como la experiencia práctica del pueblo combatiente, revolucionario, y de sus aliados internacionales. Y eso sólo tiene una explicación: se piensa desde el individualismo pequeñoburgués (con perdón), desde el más profundo idealismo, que hace abstracción de los intereses clasistas en juego, de la correlación de fuerzas y de la estrategia imperialista.

En Cuba, avanzar hacia lo que Medem y otros entienden por “Socialismo del S. XXI” no significa una evolución, se trataría de una grave involución de la que pagaría las consecuencias el pueblo cubano y todo el movimiento comunista y revolucionario internacional.

2ª.- Tratan de confundir, o se confunden, al emplear DEMOCRACIA y SOCIALISMO como sinónimos.

Tanto la última “aportación” de Medem, como su artículo de 25 de octubre de 2.008 titulado “En Cuba no se puede democratizar lo que se acabó”, están trufados de esta “confusión”.

Es suficientemente conocida la aversión de Medem por Stalin, tampoco sabemos cuánto ha leído o estudiado sobre el dirigente soviético, más allá de los juicios propagados por todos los medios, conocidos y desconocidos, por el imperialismo. Pero, al menos el que escribe, suponía que Medem contaba con algunos conocimientos generales de la teoría marxista. Ni siquiera hay que llegar a las aportaciones leninistas para comprender que allá donde existe democracia y libertad para los explotadores no pueden existir para los explotados.

La democracia se entiende así, nuevamente, al modo burgués, idealista, al margen de las contradicciones de clase, al margen del momento histórico, al margen de las amenazas imperialistas. En síntesis: se piensa al margen de la realidad material y de las contradicciones que ella operan.

Esta posición ideológica tiene mucho que ver, también en este extremo, con la contraposición entre lo aparentemente nuevo y lo aparentemente viejo. El “Socialismo del S. XXI”, basado en la “democracia participativa”, se contrapone al “Socialismo del S. XX”, basado en la “dictadura proletaria”. Nuevamente Cuba es lo viejo que se niega a adoptar lo nuevo. ¡Qué despropósito! ¿Verdad? Esta es la postura de quienes levantan una inexistente muralla china entre los siglos XX y XXI.

Su línea de pensamiento, profundamente reformista, fue defendida a lo largo de la historia por todas las corrientes de la izquierda que finalmente terminaron integrándose en el sistema capitalista. ¿Recuerda Medem el “socialismo democrático” y el “socialismo en libertad” de Santiago Carrillo? Le recomiendo, con toda la modestia, releer a la luz de sus escritos actuales “Eurocomunismo y Estado”.

3ª.- Tratan de enfrentar a la vanguardia con el pueblo trabajador, a los dirigentes con las bases y a los dirigentes “viejos” con los “nuevos” dirigentes.

Sentimos informar al señor Medem, si es que en este punto está desinformado, de que por mucho que persista tampoco es este punto adopta una posición novedosa.

En el caso de Cuba esta línea de agresión ideológica no es nueva, fue empleada por la contrarrevolución y el imperialismo desde los primeros días de la Sierra Maestra. Y obviamente también persigue un claro propósito: abrir grietas en la vanguardia y dividir al pueblo combatiente en su defensa de la Revolución Socialista.

Los ejemplos que confirman la continuidad histórica de esta línea ideológica son tantos y tan variados que creo sinceramente que sobra su enumeración en aras de la brevedad. Sí merece la pena destacar que tanto Medem como otros han aprovechado los recientes cambios en el Gobierno Cubano, de la forma más oportunista, para lanzar con fuerzas renovadas este tipo de argumentaciones y algún que otro insulto.

Tratan de presentar a los “nuevos dirigentes” frente a la dirección histórica de la Revolución, principalmente frente a Fidel y Raúl. Pero en ningún momento se analiza cuáles son las “nuevas ideas” sustentadas por los “nuevos dirigentes” que se opondrían a ideas “viejas” de “viejos” dirigentes. Y mucho menos la relación de esas ideas con intereses de clase concretos. Más bien creemos que tratan de sustituir la ideología de la Revolución Cubana por su propia ideología, sin que se sepa muy bien en que revolución victoriosa han ganado ellos sus medallas.

La historia nos ha enseñado que la lucha de clases, y su expresión en el plano ideológico, persisten en el seno de las sociedades que construyen el socialismo y en las filas de las organizaciones de vanguardia, llámense comunistas o no. Lo importante es analizar del lado de la trinchera en que se coloca cada cual, sabiendo como sabemos que los procesos revolucionarios son reversibles y que la contrarrevolución trabaja con ese propósito.

Medem dice querer a Cuba y defender su derecho a la autodeterminación. Nosotros le decimos que para eso ha elegido el camino equivocado, pues para eso se deber defender el SOCIALISMO, única vía posible para alcanzar, como se ha hecho en Cuba, la segunda independencia.

No sé que será lo próximo que leamos sobre estos asuntos. Quizás que el bloqueo es una invención de la dirigencia, que los “hermanos Castro” nuevamente llegan a la lista FORBES, que nos olvidamos del sufrimiento del pueblo cubano…

No importa. Quienes así analizan las cosas están condenados a silbar lo que los imperialistas cantan en cada momento. Puede, ¡incluso!, que se nos acuse de dogmáticos al servicio del “stalinista” Fidel. Tampoco importa, recibimos con orgullo la acusación y traemos a combatir junto a nosotros y hacemos nuestras las modestas palabras de compromiso que Antonio Gades pronunció, al recibir la Orden José Martí, dirigiéndose al entonces presidente Fidel Castro y al entonces vicepresidente Raúl Castro:

“Recibo esta condecoración con el orgullo de compartirla con tantos miles de gentes que día a día, anónimamente, defienden a la Revolución Cubana (…) nunca me sentí un artista, sino un simple miliciano vestido de verde olivo, con un fusil en la mano para donde, como y cuando sea, siempre estar a sus órdenes”.

En Oviedo, a 10 de marzo de 2.009.

Raúl Martínez Turrero. Abogado. Miembro del Comité Central del PCPE y militante de la solidaridad con Cuba.